lunes, 10 de octubre de 2016

Donde comen dos... comen tres


¿Conocés esa frase? “Donde comen dos, comen tres”.  


Es una frase que se originó en la antigua Roma, en el año 70 A.C. durante una cena en la casa del  emperador Julio Cesar.  Sin embargo perfectamente la podría haber dicho muchos años antes, una señora que era viuda y vivía en la ciudad de Sarepta. ¿Quieres saber por qué?

Un día, mientras esta mujer estaba juntando leña, se encontró con el profeta Elías, quien le pidió agua y pan. Ella, tuvo que contestarle: “Te juro por Dios que no tengo pan. Sólo tengo un poco de harina en una jarra y un poco de aceite en una botella. Ahora estoy juntando leña para ver qué preparo para mi hijo y para mí. Después de comer probablemente moriremos de hambre, pues ya no tenemos más comida. (1ª Reyes 17:12) 

¡Pobre mujer! ¿Cómo iba a darle al profeta?

Elías se dio cuenta que ella no quería ser egoísta, simplemente no tenía. Por eso le respondió: “No tengas miedo. Ve y haz lo que has dicho. Pero primero cocina un pequeño pan para mí y tráemelo. Después prepara pan para ti y para tu hijo, 14 pues el Dios de Israel dijo que no se terminará la harina que está en la jarra ni el aceite que tienes en la botella…” (1ª Reyes 17:13-14)

¿Qué habrá hecho la mujer? Confió en lo que Elías le dijo. Sabía que si Dios lo mandaba, era porque donde comen dos, comen tres. Así que fue a su casa cocinó el pan para Elías primero y luego comieron ella y su hijo. La harina y el aceite para dos, sirvió para tres… y para mucho más, porque dice la Biblia que comieron muchos días. “Ni la harina de la jarra ni el aceite de la botella se acabaron.” (1ª Reyes 17:16) Se cumplió lo que Dios dijo.

Si sos generoso como la viuda de Sarepta, Dios no va a permitir que te falte a ti. Él quiere que compartas lo que tienes. Con los marcadores que pintan dos, pintan tres. Con las galletitas que comen dos, comen tres. Con la pelota que juegan dos, juegan tres.  ¿Será muy difícil compartir?

La Biblia nos da una orden: “Recuérdales que deben dar y compartir lo que tienen.” (1ª Timoteo 6:18) 

Así que mira al que tienes al lado y díselo, pero también cuando estés frente al espejo, repítelo para aprenderlo tú también.

¿Lo ponemos en práctica hoy mismo? “Donde comen dos, comen tres”


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