sábado, 30 de julio de 2016

Cuando se encendió la antorcha...

¿Cuándo comenzaron los Juegos Olímpicos? ¿Cuál fue el primero? Seguramente te has hecho estas preguntas. Siempre está bueno saber cómo comenzaron las cosas.

Los primeros Juegos Olímpicos iniciaron en Grecia, en el año 776 A.C. Quiere decir que tienen más de 2792 años de existencia, aunque no se realizaron siempre. ¡Qué viejos! Pero no eran exactamente como ahora.

Estos juegos formaban parte de una fiesta religiosa y deportiva que se realizaba en honor al dios Zeus, cada cuatro años en la ciudad de Olimpia. Por eso, se los conoce como Juegos Olímpicos. En esta fiesta participaban atletas de toda Grecia que se habían estado preparando para este evento pero que además tenían que cumplir con algunos requisitos. ¡No cualquiera podía participar! Las reglas eran muy estrictas: tenían que haber nacido en Grecia, no ser esclavos ni delincuentes, tenían que jurar el reglamento, aceptar el veredicto de los árbitros y respetar todas las normas que ellos pusieran. Y por supuesto, solo podían participar los hombres. Las mujeres no podían ir ni como espectadoras.

Los Juegos iniciaban y terminaban igual que ahora con ceremonias con mucha preparación, pero con algunas cosas distintas. Antes además de los desfiles, hacían sacrificios y ofrendas a los dioses y banquetes para miles de personas, mejor dicho, ¡hombres!

En los primeros juegos olímpicos se realizaban varias competiciones como carreras, lanzamientos de disco y jabalina, carreras de caballos, saltos de longitud y hasta competiciones de danza. Los ganadores no recibían medallas, sino una especia de sueldo para toda la vida y de ahí en más, eran considerados como héroes.

La historia del inicio de los Juegos Olímpicos, me recuerda una visita que hizo el apóstol Pablo al país de origen de estas competencias. ¡Si, Pablo estuvo en Grecia! Allí se encontró con la misma realidad de los juegos olímpicos… los griegos adorando a muchos dioses. “Mientras Pablo esperaba a Silas y a Timoteo en Atenas, le dio mucha tristeza ver que la ciudad estaba llena de ídolos.” (Hechos 17:16 TLA) Ellos creían en muchas cosas y dioses: Poseidón era el dios del mar, Afrodita era la diosa del amor, Hera era la diosa de la familia, Hefesto era el dios del fuego, Apolo era el dios de la belleza y hasta tenían un dios del vino que se llamaba Dionisio.

Pablo sabía que estaban equivocados. Dios había dicho… “No tengan otros dioses aparte de mí.” (Éxodo 20:3 TLA) Él era el único y verdadero Dios que existía y existe. Pablo quería que los griegos también lo supieran así que “…iba todos los días al mercado y hablaba con los que encontraba allí.” (Hechos 17:17 TLA) Parece que comenzaron a interesarse en lo que él les decía y quisieron escuchar más. Así fue que lo invitaron a hablar ante los gobernantes en el lugar donde se reunían que se llamaba el Areópago.

Por supuesto que Pablo no desaprovechó esa oportunidad y se paró ante todos en medio del Areópago. Pero, ¿cómo iba a hacer para que entendieran que estaban equivocados? Para comenzar los gobernantes le dijeron: «Lo que tú enseñas es nuevo y extraño para nosotros. ¿Podrías explicarnos un poco mejor de qué se trata?» (Hechos 17:21 TLA)

Así que Pablo fue muy claro, les dijo… «He notado que ustedes son muy religiosos… vi que ustedes adoran a muchos dioses, y hasta encontré un altar dedicado “al Dios desconocido”. Pues ese Dios, que ustedes honran sin conocerlo, es el Dios del que yo les hablo. Es el Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él; es el dueño del cielo y de la tierra, …él es quien da la vida, el aire y todo lo que la gente necesita… Dios hizo esto para que todos lo busquen y puedan encontrarlo… No hay quien pueda imaginarse cómo es Dios, y hacer una estatua o pintura de él… ahora Dios ordena que todos los que habitan este mundo se arrepientan, y que lo obedezcan sólo a él.” (Hechos 17:22-31 TLA) Seguramente también les habló del amor de Dios hacia ellos y lo que Jesús había hecho en la cruz para que cada uno pudiera recibir el perdón de sus pecados. ¿Qué pasó luego? Dice la Biblia que algunos se burlaron, otros le dijeron que seguían hablando otro día y otros creyeron en Jesús y le entregaron su corazón. ¡Qué bueno es saber que ese “dios no conocido” es el Dios verdadero que nos ama y quiere que seamos sus hijos!


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