sábado, 26 de marzo de 2016

¡Silencio total!

Así imagino el sábado de Semana Santa. Los discípulos en sus casas tristes por lo que habían visto el día anterior, pero también admirados de todo lo que habían vivido junto al Maestro esos tres años. Los seguidores de Jesús, quiénes creyeron en él, ansiosos por saber qué pasaría y quizás algo dudosos también. ¿Será cierto todo lo que dijo?


En el único lugar donde no había silencio era en el palacio. Los sacerdotes y los fariseos estaban preocupados por si los discípulos se robaban el cuerpo de Jesús.  Mirá lo que le pidieron a Pilatos: “Señor, nos acordamos de que, cuando ese mentiroso de Jesús aún vivía, dijo: “Tres días después de que me maten resucitaré.”  Ahora sus discípulos pueden robar el cuerpo y empezar a decir a la gente que Jesús resucitó…Para que no pase esto, ordene usted que unos guardias vigilen cuidadosamente la tumba hasta después del tercer día.” (Mateo 27: 63-64 TLA)

¡Estos hombres no cambian más! Solo a ellos se les podía ocurrir que los discípulos iban a robar el cuerpo… Si lo hacían, ¿en quién estaban creyendo? Se mentirían a ellos mismos. Los discípulos sabían en quien habían creído y esperaban en sus casas que el cuerpo desapareciera solo, porque Jesús había resucitado como lo prometió. Ellos habían vivido muchas cosas con Jesús y sabían que él cumplía sus promesas.

Pilato también se dio cuenta que el pedido no tenía sentido y los mandó a que ellos se encargaran de esa tarea. En pocas palabras: ¡No les dio importancia! Pero, estos hombres insistentes y desconfiados, “…fueron a la tumba, y ataron la piedra que tapaba la entrada para que no se moviera. También dejaron allí a los soldados para que vigilaran.” (Mateo 27:66 TLA) ¡Tenían miedo de esperar a que se cumpliera lo que Jesús había dicho!

¿Cómo esperás vos? ¿Cómo los discípulos? ¿Cómo los que dudaban? ¿Cómo los fariseos?
¿Qué tenés que esperar vos hoy? Quizás que papá y mamá no peleen más, que consigan trabajo, una casa nueva, curarte de una enfermedad…

Dios siempre escucha todas estas cosas que vos necesitás y siempre te responde. Pero no lo hace siempre como vos querés, sino como es mejor para vos. Y tampoco lo hace siempre en el tiempo en que nosotros lo queremos, sino en el tiempo que él tiene preparado. Lo que sí tenés que recordar es que él siempre cumple sus promesas…

Esperá porque prometió “…Dios les dará… todo lo que les haga falta”. (Filipenses 4:19 TLA) Si en casa el dinero no alcanza, esperá, porque él prometió que vas a tener lo que necesites… ¡Cuidado, no lo que tengas ganas!

Esperá porque prometió “Nunca te fallaré ni te abandonaré…” (Josué 1:5 TLA) Te da miedo cuando papá y mamá pelean, recordá que no estás solo, él está a tu lado.

Esperar a que Dios cumpla lo que dijo, no siempre es fácil, pero es lo que él quiere de nosotros. Hay veces que podemos hacerlo en silencio y solo hablamos con él. Orá y contale a Dios todo lo que te tiene triste o te preocupa. Decile que estás esperando, confiando en que él cumple lo que promete. 
Otras veces quizás podemos contarle a alguien lo que nos pase y pedirle que también ore por nosotros. ¡Es lindo orar unos por otros!

Pero siempre recordá lo que dice Lamentaciones 3:26 “Es bueno esperar con paciencia
que Dios venga a salvarnos”. Dios te escucha y cumple sus promesas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario