jueves, 24 de marzo de 2016

¿Lavar pies sucios?

¿Alguna vez pensaste en que tu tarea fuera lavarle los pies a tus amigos? ¡Jesús lo hizo la última semana que estuvo con ellos! Más exactamente, el jueves, el mismo día que sabía que se separaría de ellos.

En Juan 13: 4 y 5 nos cuenta que  “… mientras estaban cenando, Jesús se levantó de la mesa, se quitó su manto y se ató una toalla a la cintura.  Luego echó agua en una palangana, y comenzó a enjuagar los pies de sus discípulos y a secárselos con la toalla.” (TLA)


¿Era algo raro lo que estaba haciendo Jesús? No. En esos tiempos los hombres no caminaban por veredas bien pavimentadas como nosotros, sino por caminos de tierra y mucho polvo. Tampoco usaban nuestros zapatos, sino sandalias. Es obvio que los pies al llegar a una casa, no estaban muy limpitos, sino todo lo contario, sucios de polvo y tierra. Por eso, un lavado de pies era muy necesario.  
La acción de Jesús no era rara, era común que se hiciera. Lo extraño era que lo hiciera él, ya que esa tarea le correspondía a los siervos o esclavos de las casas. ¡Y para los discípulos esa no era la función de Jesús! ¡Imagínense los pies de los discípulos  como estarían! Era impensable permitir que Jesús hiciera esa tarea por eso Pedro reacciona cuando le toca su turno: ”Señor, no creo que tú debas lavarme los pies.” (Juan 13:6 TLA)  ¿Qué hubieras hecho vos en lugar de los discípulos?

Disfrutar… ¡era un alivio recibir ese lavado luego de las largas caminatas por el polvo! Jesús sabía que eso era lo que sus amigos necesitaban y no le importó que él no era la persona que tenía que hacerlo. O podés hacer como Pedro y negarte, porque Jesús era el Maestro y no podía estar lavándole los pies a él. Pero, ¿se ofreció a hacerlo él?

Jesús, como siempre, quería enseñarles algo a sus amigos, para que luego sean ellos quiénes lo hagan.  Y no era exactamente,  un curso de cómo lavar los  pies a muchos en poco tiempo.

Mirá lo que les dijo: “¿Entienden ustedes lo que acabo de hacer? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque soy Maestro y Señor.  Pues si yo, su Señor y Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.  Yo les he dado el ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo.” (Juan 13:12-15 TLA)

Jesús no quería que de ahora en adelante se lavaran los pies entre ellos. Quería que hicieran algo más importante… quería que sirvieran a los demás, que no se sintieran más importantes que otros, que fueran humildes.

La Biblia dice: “…consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.” (Filipenses 2:3 NVI) Ser humilde tampoco es sentirse menos. Todos somos valiosos e importantes, tenemos habilidades y sabemos hacer cosas bien. Pero no somos los mejores en todo y mucho menos superiores a los demás! Jesús sí lo era, y sin embargo se bajó a lavarle los pies sucios a sus amigos.

¿Qué te cuesta a vos ayudar a un compañero que le resulta difícil un razonamiento? ¿O integrar al equipo al que no le es tan fácil meter goles? ¿O elegir para hacer la tarea a una compañera con la que nunca trabajaste y te invita a hacerlo juntas? No te creas siempre el mejor… y si lo sos en algo, aprovechá y ayudá al que no lo es.

Tu tarea es servir a los demás, es lavar pies sucios… ¿qué vas a hacer?


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