domingo, 27 de marzo de 2016

¡Él no está aquí!

¡Ya era domingo! El tercer día había llegado. ¿Qué habrá sucedido?


María Magdalena y María no pudieron esperar más. Corrieron hacia la tumba donde su Maestro había sido enterrado dos días atrás. Ellas habían sido testigos de muchos de sus milagros, habían escuchado sus enseñanzas muchas veces, lo habían acompañado en diferentes momentos de sus vidas. Seguramente todas estas experiencias vendrían a sus mentes mientras caminaban los kilómetros hacia la tumba.

¡Ya estaban allí! ¡Llegaron! Pero… ¡algo había sucedido aquí! Los soldados estaban tendidos en el suelo. La piedra de la tumba no estaba en su lugar… ¡alguien la había movido! ¿Y Jesús? ¿Qué habría pasado con él?

Imagino el momento que estas mujeres estarían viviendo. ¿Entramos a la tumba o no? ¿Estará Jesús o no? El corazón de ellas latiría más rápido que nunca. Hasta que de repente alguien se les apareció. ¡Un ángel! Sí, un ángel que tenía para ellas la mejor de las noticias: «No se asusten. Yo sé que están buscando a Jesús, el que murió en la cruz. No está aquí; ha resucitado, tal y como lo había dicho.” (Mateo 28:5-6 TLA)

¿Jesús no estaba ahí? Entonces… ¡se cumplió lo que nos dijo! ¡Es realmente el Hijo de Dios que venció a la muerte!

Para que se convencieran de lo que les decía, el ángel continuó diciendo: “Vengan a ver el lugar donde habían puesto su cuerpo.” (Mateo 28:6) ¿Qué habrán encontrado dentro de la tumba? Las sábanas con las que Jose había envuelto el cuerpo de Jesús cuando se lo entregaron para sepultarlo. Solo habían quedado las sábanas. ¡Jesús ya no estaba!

¿Y ahora qué hacemos? Imagino que esa debió haber sido la pregunta que salió de las bocas de estas mujeres. ¿Qué hacemos cuando tenemos algo lindo e importante para contar?

El ángel las ayudó a decidir: “vayan de inmediato a contarles a sus discípulos que él ya ha resucitado, y que va a Galilea para llegar antes que ellos. Allí podrán verlo.” (Mateo 28:7 TLA)

Con asombro y alegría a la vez, las mujeres corrieron a contarle a los demás lo que estaba pasando. ¡Jesús había demostrado todo su poder al vencer a la muerte! ¡Él había resucitado!

Esta misma noticia sabés vos hoy. Jesús murió en la cruz para que vos y yo pudiéramos ser perdonados por nuestros pecados. Pero al tercer día, como lo prometió, resucitó. Ya no está en la tumba. Él vive porque tiene poder para vencer a la muerte. ¡Esa es la noticia que tenés que contar en la Pascua!

¿Qué vas a hacer? Vas a disfrutarla vos solo, o vas a salir corriendo como las mujeres y contarle a los demás que el verdadero significado de la Pascua es que Jesús murió y resucitó por amor a cada uno de nosotros. ¡Así será realmente una FELIZ PASCUA!


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