martes, 22 de marzo de 2016

Dos monedas muy valiosas

Si te pregunto, ¿qué te parece más valioso? ¿Tener muchos billetes o muchas monedas? Seguramente me contestarías, muchos billetes. Tenemos la idea de que ese papel vale mucho más que el metal de forma cilíndrica.


Sin embargo no es el tipo de material o la forma lo que le da el verdadero valor… Ni siquiera el número que tiene impreso en él. ¿Querés saber por qué? Fue una de las enseñanzas que Jesús dio durante la Semana Santa.

Ya estamos en el día Martes. Nuevamente Jesús y sus discípulos van al templo. ¡Qué linda costumbre! Jesús disfrutaba de estar en la casa de Dios y sus amigos lo acompañaban.

Ese día, decidió sentarse frente al lugar donde se dejaban las ofrendas. ¿Estaría controlando? No creo, seguramente Jesús quería que sus discípulos aprendieran algo más.

¿Qué verían desde ese lugar? Personas que dejaban mucho dinero sin que nadie se diera cuenta, y otras que hacían lo posible para que los demás lo vieran. Personas que daban mucho menos porque tenían mucho menos o porque no querían dar y se sentían obligados. Y también un ejemplo a imitar, mirá lo que cuenta la Biblia: “ En eso llegó una viuda pobre, y echó en una de las cajas dos moneditas de poquísimo valor.” (Marcos 12:42 TLA)

¿Solo dos moneditas? ¿Cómo una persona que solo da dos moneditas puede ser un buen ejemplo? ¡Solo dos moneditas no tienen valor! Seguramente eso habrían pensado las personas que vieron a esta mujer.

Sin embargo, eso no pensaba Jesús. Marcos 12:43 nos cuenta que “…Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que esta viuda pobre dio más que todos los ricos. Porque todos ellos dieron de lo que les sobraba, pero ella, que es tan pobre, dio todo lo que tenía para vivir.”

Entonces, ¿las dos moneditas de esta mujer valían más que todas las que pusieron los demás? ¡Exacto! Esas fueron las dos moneditas más valiosas en la ofrenda. ¿Qué las hacía valiosas? La intención y la actitud de quién las daba. Esa mujer sabía que todo lo que tenía, por poco que fuera, 
Dios se lo había dado. Y por eso, ella quería darle lo mejor que tenía.

Todo lo que vos tenés, también te lo dio Dios. ¿Cuánto le das vos a él? ¿Le das lo mejor que tenés o lo que te sobra? Dios quiere que le des moneditas, pero también tu amor, tu tiempo, tus fuerzas, tus talentos… Todo eso tiene tanto o más valor que esas moneditas si lo das de corazón y con alegría.

La Biblia dice: “¡Dios ama al que da con alegría!” (2ª Corintios 9:7 TLA) Cuando compartís con otros lo que tenés y lo hacés con alegría, Dios se agrada. Podés dar de tu merienda, de tus útiles… También podés dar de tus conocimientos y tu tiempo ayudando a un amigo con la tarea o a mamá con las tareas de la casa. Y por supuesto, al igual que la viuda, podés dar tu ofrenda cada domingo en la casa de Dios. Tu monedita dada con alegría tiene tanto valor como las dos moneditas de la viuda. Dios mira tu corazón más que tu mano cuando estás dando.




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