viernes, 25 de marzo de 2016

¿Culpable o Inocente?

¿Sabes lo que es un juicio? Cuando una persona es acusada de un delito, es llevada ante un juez y un jurado. Allí hay un fiscal que demuestra todas las evidencias que lo hacen culpable y un abogado que lo defiende con las pruebas que muestran su inocencia. Llaman a testigos que tienen que contar lo que vieron y oyeron sin mentir. Luego el jurado se reúne y deciden cual será el veredicto: CULPABLE O INOCENTE. ¡Qué momento de nervios! ¿Qué resolverán? ¿Será culpable o inocente? ¿Será lo correcto y justo lo que resuelvan?


En Semana Santa, recordamos un juicio que sucedió el día viernes. El Señor Jesús fue el que se sentó en el banco para ser enjuiciado. No tenía abogado defensor, ni tenía testigos que probaran su inocencia. En ese momento, nadie estaba a su lado para defenderlo. Solo tenía testigos que lo acusaban… “Los sacerdotes principales y los líderes del país acusaban a Jesús delante de Pilato, pero Jesús no respondía nada.” (Mateo 27:12 TLA) ¿Eran testigos verdaderos? Claro que no. En varias ocasiones buscaron maneras de hacerlo caer y no pudieron encontrarlas.

¿Qué decidió el jurado? “¡Que muera en una cruz!” (Mateo 27:22 TLA) El veredicto fue culpable.
¿Era cierto? ¿Él era culpable? ¿De qué era culpable? De nada. Él era inocente. La esposa de Pilato se dio cuenta de eso y le mandó decir: “No te metas con ese hombre, porque es inocente…” (Mateo 27:19 TLA)

 ¿Quién era el culpable? Vos y yo. Mirá lo que dice Romanos 3:24, “…Por medio de Jesús, nos ha librado del castigo que merecían nuestros pecados.” Pecados son todas aquellas cosas que hacés, pensás o decís que a Dios no le agradan. Pecado es una mentira, un mal pensamiento, una desobediencia, quedarte con lo que no es tuyo, decir malas palabras y tantas otras cosas que hacemos a diario… ¿Reconocés esas acciones? ¿Sos culpable o inocente?  A vos y a mí nos deberían haber declarado culpables, pero Jesús tomó nuestro lugar en ese juicio.  Vos y yo deberíamos haber estado sentados en ese banco ese día.

Y no solo eso, sino que “…él fue herido por nuestras rebeliones, fue golpeado por nuestras maldades; él sufrió en nuestro lugar” (Isaías 53:5 TLA) No solo lo declararon culpable, sino que además lo golpearon, se burlaron de él, lo maltrataron y le dieron el más cruel de los castigos… la muerte de cruz.

¿Jesús se merecía ese castigo? No. Lo hizo por amor a vos y a mí.  “Dios nos demostró su gran amor al enviar a Jesucristo a morir por nosotros…” (Romanos 5:8 TLA)
Gracias a él, vos y yo ya no somos más culpables, sino que podemos ser inocentes.

¿Qué vas a hacer ahora? Ahora es tu turno. ¿Qué vas a hacer con ese valiosísimo regalo que a Jesús le costó morir en una cruz? ¿Lo vas a aceptar o a rechazar?

Comenzá agradeciéndole por tanto amor hacia vos que lo demostró muriendo en tu lugar. Pedile perdón por tus pecados e invítalo a que sea parte de tu vida, que te acompañe cada día, que guíe tus decisiones, que sea tu amigo.

En esta Semana Santa, comienza a disfrutar del gran amor que Dios tiene para vos.





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