domingo, 27 de marzo de 2016

Felices Pascuas




¡Él no está aquí!

¡Ya era domingo! El tercer día había llegado. ¿Qué habrá sucedido?


María Magdalena y María no pudieron esperar más. Corrieron hacia la tumba donde su Maestro había sido enterrado dos días atrás. Ellas habían sido testigos de muchos de sus milagros, habían escuchado sus enseñanzas muchas veces, lo habían acompañado en diferentes momentos de sus vidas. Seguramente todas estas experiencias vendrían a sus mentes mientras caminaban los kilómetros hacia la tumba.

¡Ya estaban allí! ¡Llegaron! Pero… ¡algo había sucedido aquí! Los soldados estaban tendidos en el suelo. La piedra de la tumba no estaba en su lugar… ¡alguien la había movido! ¿Y Jesús? ¿Qué habría pasado con él?

Imagino el momento que estas mujeres estarían viviendo. ¿Entramos a la tumba o no? ¿Estará Jesús o no? El corazón de ellas latiría más rápido que nunca. Hasta que de repente alguien se les apareció. ¡Un ángel! Sí, un ángel que tenía para ellas la mejor de las noticias: «No se asusten. Yo sé que están buscando a Jesús, el que murió en la cruz. No está aquí; ha resucitado, tal y como lo había dicho.” (Mateo 28:5-6 TLA)

¿Jesús no estaba ahí? Entonces… ¡se cumplió lo que nos dijo! ¡Es realmente el Hijo de Dios que venció a la muerte!

Para que se convencieran de lo que les decía, el ángel continuó diciendo: “Vengan a ver el lugar donde habían puesto su cuerpo.” (Mateo 28:6) ¿Qué habrán encontrado dentro de la tumba? Las sábanas con las que Jose había envuelto el cuerpo de Jesús cuando se lo entregaron para sepultarlo. Solo habían quedado las sábanas. ¡Jesús ya no estaba!

¿Y ahora qué hacemos? Imagino que esa debió haber sido la pregunta que salió de las bocas de estas mujeres. ¿Qué hacemos cuando tenemos algo lindo e importante para contar?

El ángel las ayudó a decidir: “vayan de inmediato a contarles a sus discípulos que él ya ha resucitado, y que va a Galilea para llegar antes que ellos. Allí podrán verlo.” (Mateo 28:7 TLA)

Con asombro y alegría a la vez, las mujeres corrieron a contarle a los demás lo que estaba pasando. ¡Jesús había demostrado todo su poder al vencer a la muerte! ¡Él había resucitado!

Esta misma noticia sabés vos hoy. Jesús murió en la cruz para que vos y yo pudiéramos ser perdonados por nuestros pecados. Pero al tercer día, como lo prometió, resucitó. Ya no está en la tumba. Él vive porque tiene poder para vencer a la muerte. ¡Esa es la noticia que tenés que contar en la Pascua!

¿Qué vas a hacer? Vas a disfrutarla vos solo, o vas a salir corriendo como las mujeres y contarle a los demás que el verdadero significado de la Pascua es que Jesús murió y resucitó por amor a cada uno de nosotros. ¡Así será realmente una FELIZ PASCUA!


sábado, 26 de marzo de 2016

¡Silencio total!

Así imagino el sábado de Semana Santa. Los discípulos en sus casas tristes por lo que habían visto el día anterior, pero también admirados de todo lo que habían vivido junto al Maestro esos tres años. Los seguidores de Jesús, quiénes creyeron en él, ansiosos por saber qué pasaría y quizás algo dudosos también. ¿Será cierto todo lo que dijo?


En el único lugar donde no había silencio era en el palacio. Los sacerdotes y los fariseos estaban preocupados por si los discípulos se robaban el cuerpo de Jesús.  Mirá lo que le pidieron a Pilatos: “Señor, nos acordamos de que, cuando ese mentiroso de Jesús aún vivía, dijo: “Tres días después de que me maten resucitaré.”  Ahora sus discípulos pueden robar el cuerpo y empezar a decir a la gente que Jesús resucitó…Para que no pase esto, ordene usted que unos guardias vigilen cuidadosamente la tumba hasta después del tercer día.” (Mateo 27: 63-64 TLA)

¡Estos hombres no cambian más! Solo a ellos se les podía ocurrir que los discípulos iban a robar el cuerpo… Si lo hacían, ¿en quién estaban creyendo? Se mentirían a ellos mismos. Los discípulos sabían en quien habían creído y esperaban en sus casas que el cuerpo desapareciera solo, porque Jesús había resucitado como lo prometió. Ellos habían vivido muchas cosas con Jesús y sabían que él cumplía sus promesas.

Pilato también se dio cuenta que el pedido no tenía sentido y los mandó a que ellos se encargaran de esa tarea. En pocas palabras: ¡No les dio importancia! Pero, estos hombres insistentes y desconfiados, “…fueron a la tumba, y ataron la piedra que tapaba la entrada para que no se moviera. También dejaron allí a los soldados para que vigilaran.” (Mateo 27:66 TLA) ¡Tenían miedo de esperar a que se cumpliera lo que Jesús había dicho!

¿Cómo esperás vos? ¿Cómo los discípulos? ¿Cómo los que dudaban? ¿Cómo los fariseos?
¿Qué tenés que esperar vos hoy? Quizás que papá y mamá no peleen más, que consigan trabajo, una casa nueva, curarte de una enfermedad…

Dios siempre escucha todas estas cosas que vos necesitás y siempre te responde. Pero no lo hace siempre como vos querés, sino como es mejor para vos. Y tampoco lo hace siempre en el tiempo en que nosotros lo queremos, sino en el tiempo que él tiene preparado. Lo que sí tenés que recordar es que él siempre cumple sus promesas…

Esperá porque prometió “…Dios les dará… todo lo que les haga falta”. (Filipenses 4:19 TLA) Si en casa el dinero no alcanza, esperá, porque él prometió que vas a tener lo que necesites… ¡Cuidado, no lo que tengas ganas!

Esperá porque prometió “Nunca te fallaré ni te abandonaré…” (Josué 1:5 TLA) Te da miedo cuando papá y mamá pelean, recordá que no estás solo, él está a tu lado.

Esperar a que Dios cumpla lo que dijo, no siempre es fácil, pero es lo que él quiere de nosotros. Hay veces que podemos hacerlo en silencio y solo hablamos con él. Orá y contale a Dios todo lo que te tiene triste o te preocupa. Decile que estás esperando, confiando en que él cumple lo que promete. 
Otras veces quizás podemos contarle a alguien lo que nos pase y pedirle que también ore por nosotros. ¡Es lindo orar unos por otros!

Pero siempre recordá lo que dice Lamentaciones 3:26 “Es bueno esperar con paciencia
que Dios venga a salvarnos”. Dios te escucha y cumple sus promesas.


viernes, 25 de marzo de 2016

¿Culpable o Inocente?

¿Sabes lo que es un juicio? Cuando una persona es acusada de un delito, es llevada ante un juez y un jurado. Allí hay un fiscal que demuestra todas las evidencias que lo hacen culpable y un abogado que lo defiende con las pruebas que muestran su inocencia. Llaman a testigos que tienen que contar lo que vieron y oyeron sin mentir. Luego el jurado se reúne y deciden cual será el veredicto: CULPABLE O INOCENTE. ¡Qué momento de nervios! ¿Qué resolverán? ¿Será culpable o inocente? ¿Será lo correcto y justo lo que resuelvan?


En Semana Santa, recordamos un juicio que sucedió el día viernes. El Señor Jesús fue el que se sentó en el banco para ser enjuiciado. No tenía abogado defensor, ni tenía testigos que probaran su inocencia. En ese momento, nadie estaba a su lado para defenderlo. Solo tenía testigos que lo acusaban… “Los sacerdotes principales y los líderes del país acusaban a Jesús delante de Pilato, pero Jesús no respondía nada.” (Mateo 27:12 TLA) ¿Eran testigos verdaderos? Claro que no. En varias ocasiones buscaron maneras de hacerlo caer y no pudieron encontrarlas.

¿Qué decidió el jurado? “¡Que muera en una cruz!” (Mateo 27:22 TLA) El veredicto fue culpable.
¿Era cierto? ¿Él era culpable? ¿De qué era culpable? De nada. Él era inocente. La esposa de Pilato se dio cuenta de eso y le mandó decir: “No te metas con ese hombre, porque es inocente…” (Mateo 27:19 TLA)

 ¿Quién era el culpable? Vos y yo. Mirá lo que dice Romanos 3:24, “…Por medio de Jesús, nos ha librado del castigo que merecían nuestros pecados.” Pecados son todas aquellas cosas que hacés, pensás o decís que a Dios no le agradan. Pecado es una mentira, un mal pensamiento, una desobediencia, quedarte con lo que no es tuyo, decir malas palabras y tantas otras cosas que hacemos a diario… ¿Reconocés esas acciones? ¿Sos culpable o inocente?  A vos y a mí nos deberían haber declarado culpables, pero Jesús tomó nuestro lugar en ese juicio.  Vos y yo deberíamos haber estado sentados en ese banco ese día.

Y no solo eso, sino que “…él fue herido por nuestras rebeliones, fue golpeado por nuestras maldades; él sufrió en nuestro lugar” (Isaías 53:5 TLA) No solo lo declararon culpable, sino que además lo golpearon, se burlaron de él, lo maltrataron y le dieron el más cruel de los castigos… la muerte de cruz.

¿Jesús se merecía ese castigo? No. Lo hizo por amor a vos y a mí.  “Dios nos demostró su gran amor al enviar a Jesucristo a morir por nosotros…” (Romanos 5:8 TLA)
Gracias a él, vos y yo ya no somos más culpables, sino que podemos ser inocentes.

¿Qué vas a hacer ahora? Ahora es tu turno. ¿Qué vas a hacer con ese valiosísimo regalo que a Jesús le costó morir en una cruz? ¿Lo vas a aceptar o a rechazar?

Comenzá agradeciéndole por tanto amor hacia vos que lo demostró muriendo en tu lugar. Pedile perdón por tus pecados e invítalo a que sea parte de tu vida, que te acompañe cada día, que guíe tus decisiones, que sea tu amigo.

En esta Semana Santa, comienza a disfrutar del gran amor que Dios tiene para vos.





jueves, 24 de marzo de 2016

¿Lavar pies sucios?

¿Alguna vez pensaste en que tu tarea fuera lavarle los pies a tus amigos? ¡Jesús lo hizo la última semana que estuvo con ellos! Más exactamente, el jueves, el mismo día que sabía que se separaría de ellos.

En Juan 13: 4 y 5 nos cuenta que  “… mientras estaban cenando, Jesús se levantó de la mesa, se quitó su manto y se ató una toalla a la cintura.  Luego echó agua en una palangana, y comenzó a enjuagar los pies de sus discípulos y a secárselos con la toalla.” (TLA)


¿Era algo raro lo que estaba haciendo Jesús? No. En esos tiempos los hombres no caminaban por veredas bien pavimentadas como nosotros, sino por caminos de tierra y mucho polvo. Tampoco usaban nuestros zapatos, sino sandalias. Es obvio que los pies al llegar a una casa, no estaban muy limpitos, sino todo lo contario, sucios de polvo y tierra. Por eso, un lavado de pies era muy necesario.  
La acción de Jesús no era rara, era común que se hiciera. Lo extraño era que lo hiciera él, ya que esa tarea le correspondía a los siervos o esclavos de las casas. ¡Y para los discípulos esa no era la función de Jesús! ¡Imagínense los pies de los discípulos  como estarían! Era impensable permitir que Jesús hiciera esa tarea por eso Pedro reacciona cuando le toca su turno: ”Señor, no creo que tú debas lavarme los pies.” (Juan 13:6 TLA)  ¿Qué hubieras hecho vos en lugar de los discípulos?

Disfrutar… ¡era un alivio recibir ese lavado luego de las largas caminatas por el polvo! Jesús sabía que eso era lo que sus amigos necesitaban y no le importó que él no era la persona que tenía que hacerlo. O podés hacer como Pedro y negarte, porque Jesús era el Maestro y no podía estar lavándole los pies a él. Pero, ¿se ofreció a hacerlo él?

Jesús, como siempre, quería enseñarles algo a sus amigos, para que luego sean ellos quiénes lo hagan.  Y no era exactamente,  un curso de cómo lavar los  pies a muchos en poco tiempo.

Mirá lo que les dijo: “¿Entienden ustedes lo que acabo de hacer? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque soy Maestro y Señor.  Pues si yo, su Señor y Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.  Yo les he dado el ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo.” (Juan 13:12-15 TLA)

Jesús no quería que de ahora en adelante se lavaran los pies entre ellos. Quería que hicieran algo más importante… quería que sirvieran a los demás, que no se sintieran más importantes que otros, que fueran humildes.

La Biblia dice: “…consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.” (Filipenses 2:3 NVI) Ser humilde tampoco es sentirse menos. Todos somos valiosos e importantes, tenemos habilidades y sabemos hacer cosas bien. Pero no somos los mejores en todo y mucho menos superiores a los demás! Jesús sí lo era, y sin embargo se bajó a lavarle los pies sucios a sus amigos.

¿Qué te cuesta a vos ayudar a un compañero que le resulta difícil un razonamiento? ¿O integrar al equipo al que no le es tan fácil meter goles? ¿O elegir para hacer la tarea a una compañera con la que nunca trabajaste y te invita a hacerlo juntas? No te creas siempre el mejor… y si lo sos en algo, aprovechá y ayudá al que no lo es.

Tu tarea es servir a los demás, es lavar pies sucios… ¿qué vas a hacer?


martes, 22 de marzo de 2016

Dos monedas muy valiosas

Si te pregunto, ¿qué te parece más valioso? ¿Tener muchos billetes o muchas monedas? Seguramente me contestarías, muchos billetes. Tenemos la idea de que ese papel vale mucho más que el metal de forma cilíndrica.


Sin embargo no es el tipo de material o la forma lo que le da el verdadero valor… Ni siquiera el número que tiene impreso en él. ¿Querés saber por qué? Fue una de las enseñanzas que Jesús dio durante la Semana Santa.

Ya estamos en el día Martes. Nuevamente Jesús y sus discípulos van al templo. ¡Qué linda costumbre! Jesús disfrutaba de estar en la casa de Dios y sus amigos lo acompañaban.

Ese día, decidió sentarse frente al lugar donde se dejaban las ofrendas. ¿Estaría controlando? No creo, seguramente Jesús quería que sus discípulos aprendieran algo más.

¿Qué verían desde ese lugar? Personas que dejaban mucho dinero sin que nadie se diera cuenta, y otras que hacían lo posible para que los demás lo vieran. Personas que daban mucho menos porque tenían mucho menos o porque no querían dar y se sentían obligados. Y también un ejemplo a imitar, mirá lo que cuenta la Biblia: “ En eso llegó una viuda pobre, y echó en una de las cajas dos moneditas de poquísimo valor.” (Marcos 12:42 TLA)

¿Solo dos moneditas? ¿Cómo una persona que solo da dos moneditas puede ser un buen ejemplo? ¡Solo dos moneditas no tienen valor! Seguramente eso habrían pensado las personas que vieron a esta mujer.

Sin embargo, eso no pensaba Jesús. Marcos 12:43 nos cuenta que “…Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que esta viuda pobre dio más que todos los ricos. Porque todos ellos dieron de lo que les sobraba, pero ella, que es tan pobre, dio todo lo que tenía para vivir.”

Entonces, ¿las dos moneditas de esta mujer valían más que todas las que pusieron los demás? ¡Exacto! Esas fueron las dos moneditas más valiosas en la ofrenda. ¿Qué las hacía valiosas? La intención y la actitud de quién las daba. Esa mujer sabía que todo lo que tenía, por poco que fuera, 
Dios se lo había dado. Y por eso, ella quería darle lo mejor que tenía.

Todo lo que vos tenés, también te lo dio Dios. ¿Cuánto le das vos a él? ¿Le das lo mejor que tenés o lo que te sobra? Dios quiere que le des moneditas, pero también tu amor, tu tiempo, tus fuerzas, tus talentos… Todo eso tiene tanto o más valor que esas moneditas si lo das de corazón y con alegría.

La Biblia dice: “¡Dios ama al que da con alegría!” (2ª Corintios 9:7 TLA) Cuando compartís con otros lo que tenés y lo hacés con alegría, Dios se agrada. Podés dar de tu merienda, de tus útiles… También podés dar de tus conocimientos y tu tiempo ayudando a un amigo con la tarea o a mamá con las tareas de la casa. Y por supuesto, al igual que la viuda, podés dar tu ofrenda cada domingo en la casa de Dios. Tu monedita dada con alegría tiene tanto valor como las dos moneditas de la viuda. Dios mira tu corazón más que tu mano cuando estás dando.




domingo, 20 de marzo de 2016

La alfombra verde

¿Conoces la alfombra roja? Antes de la entrega de los premios Oscar, las personalidades que asisten pasan por la alfombra roja. Allí desfilan luciendo las costosas ropas que eligieron para esa ocasión, responden a preguntas de los periodistas y posan para fotos de revistas importantes. ¡Disfrutan de su momento de fama! Esa alegría posiblemente continúe si ganan algún premio o desaparezca si no lo consiguen.

Hay alguien mucho más importante que cualquiera de esas personalidades, que no caminó sobre una alfombra roja, lo hizo sobre una alfombra verde.

¡Si! Escuchaste bien, una alfombra verde. ¿Querés conocer la historia?


El Señor Jesús estaba preparando su llegada a Jerusalén para iniciar su camino hacia el cumplimiento de su misión: morir por vos y por mí en la cruz para que nuestros pecados fueran perdonados. Él no se estaba preparando para ganar un premio, lo estaba haciendo para darnos a nosotros el más valioso de los regalos: la salvación y la vida eterna.

¿Cómo iba a ser ese momento? “Jesús dijo a dos de sus discípulos: «Vayan a ese pueblo que se ve desde aquí. Tan pronto como entren, van a encontrar un burro atado, que nunca ha sido montado. Desátenlo y tráiganlo. Si alguien les pregunta por qué lo están desatando, respondan: “El Señor lo necesita y pronto lo devolverá.”» (Marcos 11:2-3 TLA)

¿Iba a entrar en un burro? Sí, era la manera en que tenía de demostrar quién era y cuál era su propósito en la tierra. Él era el Rey de Reyes que venía para dar amor y paz a las personas. Un Rey de paz no podía entrar en Jerusalén de otra manera que no fuera sobre un burro. Y así lo hizo.

Jesús se montó sobre el burro y comenzó a entrar en la ciudad de Jerusalén. ¿Qué pasó cuando lo vieron? “ Mucha gente empezó a extender sus mantos sobre el camino por donde iba a pasar Jesús. Algunos cortaban ramas de los árboles del campo, y también las ponían en el suelo como alfombra. Y toda la gente, tanto la que iba delante de Jesús como la que iba detrás, gritaba:«¡Bendito tú, que vienes en el nombre de Dios!” (Marcos 11:8-9 TLA)

Jesús caminó sobre la alfombra verde. No lo hizo para mostrar la costosa ropa que llevaba, ni para contestar preguntas sobre sus últimos milagros, ni para que lo fotografiaran y publicaran en las revistas de Jerusalén. Lo hizo para que supieran cuál era su plan y el propósito de su venida a la Tierra.

Las personas que pusieron la alfombra verde y lo recibieron de esa manera, estaban reconociendo que Jesús era el Hijo de Dios, el Rey de Reyes. ¿Quién es Jesús para vos? ¿De qué manera lo recibís en tu vida?

En Juan 3:16 nos dice por qué Jesús vino a la Tierra. “Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna.” Y en 1° Timoteo 1;15 dice: “…Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores…”. Jesús quiere ser tu Salvador, quiere ser tu amigo, quiere que disfrutes todo el amor que tiene para darte.

¿Es Jesús tu amigo? ¿Es tu Salvador? Aprovecha esta semana tan especial para tender la alfombra verde en tu corazón, y permitir que Jesús entre en tu vida.





domingo, 13 de marzo de 2016

Una presidenta extraordinaria

¡El pueblo de Israel tuvo una presidenta! En realidad no se les llamaba así, pero tenían tareas muy parecidas.


En un momento de la historia, el pueblo de Israel estaba algo confundido. Cada tanto, se distraían y dice la Biblia que “…los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová.” (Jueces 4:1). Entonces Dios elegía jueces que los gobernaran y ayudaran a encontrar nuevamente el camino correcto. Estos jueces eran algo así como los presidentes del pueblo de Israel.

Una de las tantas veces que el pueblo de Israel se distrajo, Dios eligió a una mujer para que fuera su jueza. Su nombre era Débora. ¡Qué tarea importante pero difícil a la vez! Tenía que dirigir a un pueblo que era bastante desordenado y desobediente.

Pero parece que Dios eligió bien. Débora era la persona indicada para realizar esa tarea.
Débora era una presidenta responsable y dedicada.  Todos los días ella se sentaba en su escritorio, una preciosa palmera, para cumplir con su tarea. Dice la Biblia que  “Los israelitas iban a verla para que les solucionara sus problemas.” (Jueces 4:5 TLA). Seguramente no sería muy divertido escuchar los problemas de todas las personas y encima tener que encontrarles una solución. Pero esa era la tarea que Dios le había dado para realizar y lo hacía con responsabilidad y con ganas.

¿Cuál es tu tarea? Tenés tareas en el colegio, pero quizás en casa también. ¿Cómo las hacés? ¿Te sentás con ganas o rezongando todo el tiempo? ¿Las hacés rapidito y que queden como queden o te esmeras para que sea una excelente tarea? Mirá lo que dice la Biblia de todo lo que hacemos: “Todo lo que hagan, háganlo de buena gana…” (Colosenses 3:23 TLA)

Débora era una presidenta valiente. Sentarse en su escritorio palmera, quizás a veces era aburrido, pero era seguro. Nada le podía suceder. Pero un día, su tarea se complicó. El jefe del ejército, le dijo que si no iba con ella a la guerra, no iba. ¡Qué jefe valiente! ¡Necesitaba una mujer que lo acompañara! Toda esa valentía que le faltaba a Barac, la tenía Débora. No dudó y aceptó: “Está bien, te acompañaré…” (Jueces 4:9 TLA).  Débora sabía que esa tarea también se la había dado Dios y por lo tanto aunque pareciera difícil, él la iba a ayudar a resolverla.

¿Te parecen difíciles tus tareas? Y a veces casi imposibles. Te doy una noticia: “…todo es posible para Dios.” (Lucas 18:27 TLA) y si le pedís su ayuda, él te lo va a demostrar. A Barac le parecía difícil la batalla y pidió ayuda a Débora. Y Débora sabía que Dios estaba a su lado. Esta fue la clave para que vencieran a Sísara.

¿Qué podés hacer vos ante tareas difíciles? Pedile ayuda a quién sabés que puede dártela y orá, que Dios también está a tu lado y no te deja solo. Es la combinación perfecta para hacer frente a las “tareas difíciles”


sábado, 5 de marzo de 2016

Una creación extraordinaria

¡No pienses más! ¡Estás en lo cierto! Estamos hablando de Eva… ¡La primera en todo!



Junto con Adán fueron los primeros seres humanos. Eso dice Génesis 1:27, “Fue así como Dios creó al ser humano tal y como es Dios. Lo creó a su semejanza.” Luego de haber casi completado su creación, Dios decidió que era necesario que alguien se encargara de dominar y cuidar todo. Fue así que creó a sus obras maestras: el hombre y la mujer.

Eva fue la última y seguramente más hermosa creación de Dios, porque recién luego de presentar a Eva, “entonces …miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!” (Génesis 1:31 NTV). En realidad, esto es solo una coincidencia… al mirar a los dos, reconoció lo bien que les había creado. Ambos eran extraordinarios para Dios y muy especiales, tanto como los somos vos y yo.

Pero Eva tuvo algunos privilegios:

- Fue la primera esposa. Ella y Adán fueron el primer matrimonio y la primera familia.
- Fue la primera madre. Caín y Abel estrenaron mamá. ¡Nadie antes había tenido una!
- Fue la primera veterinaria. Dios les había mandado cuidar de la creación, así que seguramente se encargó de atender a los animalitos que la necesitaban.
- Fue la primera agricultora. ¡Cuántos árboles y plantas tenía para cuidar! ¡Cuánto suelo para cultivar! ¡Cuántas cosechas para realizar! Antes nadie lo había hecho.
- Fue la primera modista. Utilizando las materias primas de su época, diseñó y cosió vestimenta para toda su familia.
- Fue la primera cocinera, ama de casa, maestra, doctora, psicóloga… ¿Qué más?

¡Cuántas tareas importantes tendría Eva para realizar! Pero aunque fue la primera, no fue la única. Si piensas en las mujeres que tienes a tu alrededor, todas ellas realizan muchas tareas diferentes. Piensa “un día en la vida de mamá”… ¿Qué tareas realiza? Prepara el desayuno, los uniformes, las viandas, lava las tazas, tiende las camas, hace la lista de los mandados, nos lleva al colegio, se va a trabajar, prepara el almuerzo, nos va a buscar al cole, lava la ropa, nos ayuda con los deberes, juega un rato con nosotros, nos lee un cuento antes de dormir… Seguramente me olvidé de unas cuantas.

La maestra, la profesora, la vecina, la doctora, la abuela… todas ellas también realizan muchas de esas actividades, aunque no fueron las primeras. ¿Sabes que podés hacer vos? ¡Reconocer cada una de ellas! Imitar lo que dice Proverbios 31:28-29, “Sus hijos la felicitan; su esposo la alaba y le dice: «Mujeres buenas hay muchas, pero tú las superas a todas».”

Pero también, Eva fue la primera en equivocarse. Dios les había dado una orden: “En medio del jardín hay un árbol, que no deben ni tocarlo. (Génesis 3:2 TLA). Sin embargo, Eva no aguantó y desobedeció. Dice la Biblia: “La mujer se fijó en que el fruto del árbol sí se podía comer, y que sólo de verlo se antojaba …Arrancó entonces uno de los frutos, y comió.” (Génesis 3:6 TLA) Eva pecó. Hizo algo que a Dios no le agradaba. Fue la primera en hacerlo. Aunque a Dios no le gustó lo que hizo, no dejó de amarla y cuidarla. Como tampoco lo hace con cada uno de nosotros cuando nos equivocamos y hacemos cosas que le desagradan. Eso mismo tenés que hacer vos cuando los que están a tu alrededor se equivocan. Tenés que perdonar y continuar amando como antes. Efesios 4:32 dice: “perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo.”

Este 8 de marzo es el día de la mujer, por eso, recordando a Eva, la primera de todas, agradecé a cada mujer que tenes al lado por lo que hace por vos. Valorala porque ella es una creación extraordinaria… eso dice el salmista: “Dios mío…Todo lo que haces es maravilloso,¡de eso estoy bien seguro!” (Salmo 139:13 TLA) Y perdonala porque al igual que vos y yo, puede equivocarse.

¿Por qué no empiezas hoy que es su día?