viernes, 24 de julio de 2015

¿Alguien me ve?


¿Recuerdas a los amigos de la Biblia que conocimos? ¿Cómo se llamaban? Daniel, Ananías, Misael y Azarías. ¿Dónde estaban? En Babilonia ¿Qué les había sucedido? Los habían separado de sus familias y llevado como cautivos al palacio del rey Nabucodonosor.

¡Muchas cosas les sucedieron en ese tiempo! Una de ellas fue que les cambiaron el nombre… ahora eran Sadrac, Mesac y Abed-nego.

La Biblia nos cuenta de una situación que tuvieron que vivir en la que no estaban los cuatro. Faltaba Daniel.

El rey Nabucodonosor tuvo la brillante de idea de hacer construir una estatua de oro de 27 metros de altura. ¡Terrible! Pero, ¿para qué? Mirá lo que nos cuenta la Biblia: “Entonces un vocero proclamó: «¡Gente de todas las razas, naciones y lenguas escuchen el mandato del rey! Cuando oigan tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales, inclínense rostro en tierra y rindan culto a la estatua de oro del rey Nabucodonosor..” (Daniel 3:4 y 5) Pero eso no es todo… ¿qué sucedería si alguien no lo hacía? “Quien no se incline para adorar a la estatua, será arrojado de inmediato a un horno encendido” (Daniel 3:6)

¿Las personas habrán obedecido? ¡Claro que sí!... menos tres. ¿Quiénes serían? “…Sadrac, Mesac y Abed-nego… no rinden culto a la estatua de oro …” (Daniel 3:12) Pero, ¿por qué no lo hicieron? ¿No tienen miedo al horno de fuego?

No, no lo hicieron porque desde niños sus padres les enseñaron lo que Dios mandaba: “No tengan otros dioses aparte de mí. No hagan ídolos ni imágenes de nada que esté en el cielo, en la tierra o en lo profundo del mar. No se arrodillen ante ellos ni hagan cultos en su honor.” (Éxodo 20:3-5) Y además le dijeron a Nabucodonosor: “Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos.” (Daniel 3:18)

Estos amigos recordaban lo que sus padres les habían enseñado desde niños y aunque no los estuvieran viendo en ese momento, decidieron ser obedientes. Ellos sabían que los consejos de sus padres y lo que la Biblia dice era lo mejor para ellos. Sabían que Dios sí los veía y además confiaban en que si lo obedecían el resultado sería bueno para ellos.

¿Qué hacés vos con los consejos de papá y mamá cuando no te ven? ¿Sos obediente aun cuando estás sin ellos? Aun cuando el obedecer a tus padres o a Dios tenga consecuencias que te den miedo, no debes dejar de hacerlo. De la misma manera que Sadrac, Mesac y Abed-nego confiaron en Dios, tenés que hacerlo vos también y ser obediente aun cuando no te ven.

¿Qué pasó con los amigos de Daniel? “…Nabucodonosor …se enojó mucho con los tres jóvenes y mandó que calentaran el horno al máximo. Luego ordenó que sus hombres más fuertes ataran a los jóvenes y los echaran al fuego.” (Daniel 3:19-20) Sí, los tiraron al horno de fuego… pero… algo extraño sucedió. Uno de los ayudantes del rey, se asomó al horno y mirá lo que vio: Todos ellos están desatados, y andan paseándose por el horno, sin que les pase nada. Además, ¡el cuarto joven parece un ángel! (Daniel 3:25) ¡Eran 4 ahora! Dios había enviado un ángel para protegerlos.

Nabucodonosor mandó sacarlos del horno y cuando lo hicieron los amigos de Daniel no tenían ninguna quemadura y ni siquiera olor a humo. Dios los había protegido porque ellos fueron obedientes aun cuando sus padres no los veían



Sigue el ejemplo de estos amigos, no importa si tus padres están o no contigo, sé obediente a lo que te enseñaron y a lo que Dios espera de ti. Mirá lo que te promete: “Dios cuida y protege a quienes siempre lo obedecen” (Proverbios 2:8)


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