jueves, 26 de marzo de 2015

UN VIAJE EN SEMANA SANTA... Viernes, Sábado y Domingo

¿Qué recuerdas del viaje que realizamos estos días? Acompañamos a Jesús entrando en Jerusalén, poniendo en orden el templo, conversando con los fariseos, disfrutando de un hermoso tiempo con amigos y también en el triste momento de ser traicionado por uno de los suyos.

Ahora llegamos al…

VIERNES


Jesús ya estaba preso; tenía un compañero de prisiones, su nombre era Barrabás. Los dos fueron llevados ante el gobernador Poncio Pilato porque era costumbre, que en la Pascua, uno de los presos fuera dejado en libertad. En esta oportunidad Pilato le dio la opción al pueblo de elegir a quién querían que se perdonara. No era muy difícil la decisión, ¿no? Sin embargo, miren lo que resolvieron: “… A Barrabás…”. Pilato, que me imagino no podía creerlo, les preguntó: “… ¿Qué pues, haré de Jesús…?” Y la multitud respondió: “¡Sea crucificado!” (Mateo 27:21-22) EL pueblo eligió a un asesino en lugar de al Salvador.

Los soldados colocaron sobre la espalda de Jesús una cruz muy pesada y en su frente una corona de espinas. Lo hicieron caminar con ese gran peso varios kilómetros hasta llegar al monte Gólgota, donde sería crucificado junto a dos ladrones. ¡Un inocente teniendo que recibir el mismo castigo que dos culpables!

Unas horas después, Jesús murió. ¿Qué hicieron con él? “Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo… y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue”. (Mateo 27:59-6) Jesús había cumplido con lo planeado. Sin merecerlo, murió en una cruz, derramando su sangre para que nuestros pecados pudieran ser limpiados, como dice en la 1ª Juan 1:9: “… la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado.”

Y el SÁBADO, ¿qué pasó? Durante todo ese día, Jesús permaneció en la tumba custodiada por soldados…

Ya es DOMINGO… Algunas mujeres ansiosas por saber qué había pasado con su Maestro llegaron a la tumba. María Magdalena y María se llevaron una sorpresa! La piedra de la tumba había sido movida de su lugar. Dentro no estaba el cuerpo de Jesús y los trapos con los que lo habían envuelto estaban tirados. La tumba estaba vacía… ¿y dónde estaba Jesús? Fue un ángel el encargado de explicarles, les dijo: “…No temáis… no está aquí, pues ha resucitado como dijo.” (Mateo 28:5)

Me imagino que las mujeres salieron corriendo a contar la gran noticia que habían recibido y en medio del camino se les apareció Jesús en persona. ¿Qué habrán hecho? “… ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.” (Mateo 28:9) Jesús les demostró que había derrotado a la muerte.

Ese mismo Jesús está vivo ahora también. Y si tuvo tanto poder como para vencer a la muerte y resucitar, puede perdonar tus pecados y salvarte del castigo que vos y yo merecíamos. Este es el verdadero significado de la Semana Santa, que Jesús murió en una cruz, derramó su sangre y volvió a vivir para perdonar los pecados del que se lo pida. Es el regalo que tiene para darte. Recuerda… Jesús resucitó y hoy está vivo.



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